GUIA DEL RUNNING PER VALÈNCIA

 Text i fotografies:  Carlos Silva

Text i fotografies: Carlos Silva

Antes de venir a España, o más exactamente a Valencia, no sabía que existía tanta afición por correr en esta ciudad. En mi país, Venezuela, eso no existe. Allí cuando uno sale a correr lo hace por su urbanización o entre avenidas muy industriales y llenas de edificios. No hay puntos de agua para hidratarse, ni carriles por donde correr seguro.

Valencia tiene virtudes innatas para correr: su clima, las llanuras, las vistas. Ver a tanta gente haciendo ejercicio te motiva a salir.

Cuando vivía en Venezuela y pesaba unos 20 kg más, decidí cambiar mi alimentación y mi estilo de vida. Es en ese momento cuando empecé interesarme por el running y a practicarlo. Luego, al llegar a Valencia y ver la cantidad de rutas distintas que existían, me propuse un reto: ¿y si corriese todos los días de la semana durante un año? ¡Y así fue! Un runstreak de 365 días que me entrenaron y prepararon para participar en la Maratón de Valencia. Fue una de las carreras más impresionantes que jamás he vivido. Quien la haya corrido, entenderá perfectamente como me sentí ese día al correrla.

Mucha gente que me conoce, me pregunta decenas de veces por qué corro tanto. Por salud, les suelo contestar. Pero esta vez quiero ser sincero. ¡Para comer! A parte de por mantenerme sano, corro mucho para poder comer lo que quiera, cuando quiera y sin sentir remordimientos. Mi debilidad es la comida y mi forma de poder hacer frente a esa debilidad es corriendo varios días a la semana.

Mi ruta depende de cuántos kilómetros me toque correr ese día, según el entrenamiento que esté siguiendo en ese momento. De cuántos excesos haya tenido esa semana o de a qué hora me toque salir a entrenar (hay días en los que me despierto a las 04:50 para poder correr antes del trabajo). Depende también de si mi niño ha pasado mala noche o no, mi humor en ese momento o simplemente del calor que haga ese día. Lo que es fijo, son los tres días -como mínimo- que salgo a correr entre semana: dos días me toca correr “corto” (5-6 km) y un día, “largo” (unos 20 km como mínimo).

Siempre que puedo, y si las circunstancias me lo permiten, me gusta que mis rutas terminen en la playa. Ver el mar todos los días es un privilegio que no todo el mundo tiene y me recarga las pilas para el resto de la semana. Puede que Benimaclet sea, en mi humilde opinión, el mejor barrio para runners. ¿Por qué? Pues porque desde una misma zona, se pueden hacer muchas rutas distintas. Tal vez tenga más caminos para corredores que cualquier otro punto de la ciudad: la Ronda Nord, la huerta de Alboraya, el nuevo carril de 5k que va hacia la Malvarrosa, la Avenida Aragón que nos lleva hasta el río y el trayecto Alboraya-Patacona, mi favorito.

Estar en plena ciudad y que a menos de 10 minutos estés en la huerta es algo que no se encuentra en todas partes, y si encima a unos cuantos kilómetros ya te topas con la playa… ¿qué más se puede pedir?

Empezar a correr en Espai Verd, del que ya se habló aquí en DESFICI, y terminar en plena Patacona es un lujo. Cuando hago esta ruta, no solo veo huerta y playa, sino que aprovecho para admirar la arquitectura. Esos cubos de hormigón me fascinan. Y a pocos minutos, veo casas antiguas entre cultivos me hacen preguntarme quién vive en ellas, qué historias guardan esas paredes... Son casas con mucha personalidad, mucha vida. ¡Quién pudiera vivir en ellas!.

Ahora ya me despido, que toca ponerse las zapatillas y salir a correr.
¡Nos vemos por las redes o las huertas!